1 de noviembre de 2010


El tiempo nos encontró en realidades diferentes, crecimos y fuimos dos jóvenes que vieron apagarse la magia que tenían al mirarse. Y de pronto, casi sin percibirlo, fuimos dos cuerpos inertes, que no amaban ni sentían. Nuestra relación se corroyó como las rocas acariciadas por el viento, y se enfrió hasta congelarse como los ríos en una helada en poca invernal. Nuestro amor y su esencia siguen intactos, aunque en otro plano y con diferentes matices, sin embargo ninguno de los dos olvidará nunca la importancia que el otro tuvo en sus vidas.

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