1 de noviembre de 2010

Sólo quería que me escucharas, que nos escucháramos, bueno un poco y poco. Si era eso lo que necesitaba hace ya mucho tiempo. No recuerdo cuando fue la última vez que nos sentamos a saber y ponernos al tanto de lo que le pasaba al otro. Pero sé muy bien porque no lo hacíamos, y paradójicamente era por falta de tiempo. Siempre teníamos cosas que hacer, o veníamos cansados, o no era el momento. Había algo más importante o lo nuestro no era tan importante. Y cada uno con sus cosas, en su mundo, con sus problemas. Y sin que nos diéramos cuenta, el silencio fue ganando espacio, de a poco. Mirando la televisión, o leyendo el diario, o sin intercambiar palabra en el desayuno, o lo que es peor sin que hubiera desayuno.

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